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¿Cuál es la mentalidad adecuada para jugar online?

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mentalidad cartas

Hay una escena típica en todas las películas de Hollywood en la que hay una baraja de cartas o un casino de por medio.

Es esa en la que el protagonista mira fijamente  su mano, después mira intensamente a su rival, mientras, la música va in crescendo hasta llegar al clímax, momento en el que él descubre su jugada y gana la partida, el dinero, la rubia 10 (que le ama no por su dinero, sino por cómo es él) y al público, que grita enfervorizado como si de un gol del Real Madrid se tratara. Bonito ¿Verdad?

Bien, pues es falso.  Al igual que las películas en las que el chico tímido, soso y con nulo sentido de la moda se acaba llevando a la animadora más guapa, por cierto.

Éstos son ejemplos de ficción y en ellos el guionista es dueño del destino y la historia. La vida real es muy diferente y la osadía puede pagarse muy cara.

¿Cuál es entonces la mentalidad correcta para ser un buen jugador online? Prudencia. Bien ¿Y después? Más prudencia. Suena demasiado sencillo así que vamos a matizarlo un poco más, no vaya a ser que algún astuto lector piense: “¡Qué sencillo! Seré prudente y me forraré de dinero”, entre en Botemanía a jugar a la Ruleta online y se quede sin los ahorros de media vida.

mentalidad jugar a las cartas

El buen jugador de casinos online sabe en todo momento en qué punto se encuentra. Ya sea en Póker, Blackjack, Bingo online o tragaperras, conoce qué dinero tiene, qué dinero ha ganado, cuánto ha perdido y cuál es el límite de ambos. Cuando se pasa, tanto de ganancia como de pérdida, cierra la página web y no juega más.

También sabe que acostarse con hambre es mejor que despertarse con deudas, así que no juega el dinero que no tiene. Por si fuera poco, sabe qué es real y qué no, por lo que desconfía de las historias de cine y trata de que ganar, aunque sea un poco cada vez, sea la norma, no la excepción. Para ello selecciona buenas mesas acordes a su nivel y presupuesto, desconfía de los “todo o nada”, y guarda sierre un porcentaje de sus ganancias para cuando lleguen las vacas flacas.

Ésta es la clave, en suma. Hay quién pensará que el prudente es cobarde, pero estará en un error: La prudencia no es cobardía. El cobarde no hace nada por miedo a fallar, el prudente no hace nada a menos que sepa que el beneficio es mayor que la pérdida. Lo que significa, básicamente, que el prudente es listo. ¿Y quién quiere ser tonto?

¡Hagan sus apuestas!

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Categorías: consejos


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